Ahora simplifiquemos el universo, la razón de ser y estar y veamos una situación personal:
Maria tiene dos hijas y dos baúles de color marrón, cubiertos por el polvo; uno para guardar todo lo malo y el otro para lo que resta.
Un día el baúl de cejas fruncidas se llena y no tuvo mejor remedio que depositar todo lo que valla surgiendo en el baúl de los labios amigables.
Inevitablemente al poco tiempo este también se llena…
Luego de meditarlo unos momentos Maria llama a sus hijas, las mira, les pide que abran sus bocas y muy lentamente, con movimientos infinitos, interminables, irreparables; comienza a introducirles tanto sentimiento oscuro encuentre en sus baúles: miedo, rencor, odio, dolor, desesperanza, miedo, miedo, miedo, rencor.
Al terminar, esta mira sus baúles… a uno lo encuentra vació y en el otro una foto solitaria al fondo de todo, de espalda como ignorándola. Esta la toma y al darla vuelta encuentra el rostro de sus niñas, solo le queda a esa madre su momento de reflexión.
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