Almas entristecidas son las que abundan en este lugar. Cuerpos heridos, cansados del sol y de la luna, del día y de la noche. De respirar tierra y desgracia.
El cielo no se digna a llover, a darnos un alivio, el agua escasea tanto en nuestra tierra como en nuestras carnes. Quiero llorar, pero el tenerte en mis brazos me hace fuerte, tus ojos miran mi boca, y babeas del hambre.
Pero tu nombre es Yumma y el sabio dijo que serias la diosa de la fortuna. Tu cuerpo es de oro hija, tus manos son palomas que no encontraron cielo para volar.
La guerra del hambre nos esta llevando a todos, pero tu comerás de todos nosotros y serás la eternidad para el mundo nuevo.
Nuestros extremos son ramas de otoño y nos pintamos la cara para ahuyentar a la muerte. Caminamos desnudos con pasos marchitos, y pocos saben que hay detrás de aquellas montañas.
La esperanza me dijo que detrás de aquellas montañas están los árboles que dan frutos y los ríos que calman la sed. Al morir el alma se desprende de nuestro cuerpo y camina durante largas noches en dirección a ellas, al llegar al pie de la montaña mas alta, el alma recuerda como aprendió a volar y se adentra a la verdadera vida.
Esta es la muerte y esto es el dolor. Se fuerte Yumma.
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