Me estiro para tomar tu mano inerte sostenida por el cajón negro, tu rostro tan diferente al que algún día besé, tus ojos están abiertos pero cerrados por la ausencia, letras en latín te quieren envolver con un místico lenguaje, pero yo te recuerdo con tu vestido naranja caminando los suelos de tu departamento perfumado con ese olor a jazmín, el balcón eterno, llenos de sueños suicidas protagonizados por un niño de 5 años, se transforma en una imagen borrosa para el inconciente de una familia que se destruye construyendo lo que no existe.
Vos, sos vos la que siempre me trae recuerdos y sentimientos, vos, una maldita sombra en mi cabeza, que camina con torpeza y me llama -Cris, Cris, mira por la ventana y saluda al avión- con voz lejana.
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