El paciente Carlos Maksos espera el resultado de sus análisis. Sentado en el asiento más incomodo, del hospital más lujoso, del barrio mas pobre.
Sus manos tiemblan sin parar, junto a su mente, que sin cansancio busca las mejores imágenes de trenes, sogas y revólveres.
Ve salir al profesional del consultorio (no quiere verle la cara), este camina muy lentamente, con pisadas desparejas, ambidiestras…
Se paro delante de nuestro queridísimo Carilitos, acomodo las hojas y comienza a leer en voz alta: sus células están en un pozo depresivo señor. Usted sabe que mueren a cada segundo y no sabría decirle porque miles de ellas están de luto, no quieren trabajar, se suicidan. No soportan la idea de un final impuesto por un sistema sanguíneo.
No quieren hablar conmigo, con suerte les mandare una carta y con ansias esperare la respuesta.
mientras tanto usted señor CARLOS MAKSOS coma mucho helado y mire películas hasta el cansancio
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