Cuentas regresivas en mi cabeza y la agobiante espera para mis manos.
Ellas son las que me piden a cachetazos tu rostro, y como no entienden lo que les digo, se esconden en mis bolsillos por algunas horas, hasta que te sienten llegar- falsa alarma- entonces su frustración es tan grande que ya no quieren escribir ni tocar guitarra, solo rostro tuyo, tuyo rostro. Mi rostro.
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