Mi alma se levanto dos meses mas tarde que mi cuerpo, la cabeza no encuentra conexión con la mente…
Por eso el fantasma de Napoleón me habla, y los dinosaurios se alimentan en mi jardín. El metodista me quiere convencer, me dice que la sangre es necesaria para la fortaleza de una nación, y mi preferido: el reptil de pequeña cabeza –eh buscado tu nombre. Es frió como los laboratorios- me muerde el pantalón y me mira con sus ojos de vegetación, como invitándome a trasformarme en su Tarzan.
Napoleón esta furioso, cree que no lo escucho, y es verdad no lo escucho.
Eh leído sobre su envenenada vida y siempre me pareció un hombre soberbio, inteligentemente soberbio. Pero mi techo es un colador y eso es realmente lo que me preocupa. Ni la carencia de afecto del bicho asqueroso, ni el muerto que viene con aires de tristeza en busca de un amigo.
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