Caminamos tus calles con ansias Alejandra, ansias de encontrar tus ojos en cada esquina. Toque tus paredes esperando llenarme de vos y mire ingenuamente detrás de cortinas blancas buscando tu silueta cansada.
Allí estaba tu balcón camuflado entre tanta vida sin expresión, tantos planteos le habrás descargado en esas noches de ahogo que ahora tiene la mirada triste y reclama tus lágrimas, esas que no supo resistir el barniz.
Rompería a pedazos ese cartel maldito que tiene tu nombre; la gente te ve como cartel y te usa como esquina, y no entienden que sos literatura que agoniza.
¿En que mar me hizo nadar esa persona al compartir su tesoro conmigo?
No lo se. Pero puedo decir que en uno muy pequeño y profundo.
Que tribal se me volvió Avellaneda.
Ahora miro tus ojos oscuros, empapados en final, tu mano sosteniendo tu rostro y tu anillo adornando tu mano sagrada.
Boca pálida que introdujo la muerte, y se cerró cuando tenía que hablar.
Tus amantes te fueron a buscar…
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