
Conozco mis recuerdos, reconozco olores en esas fotografías medias destruidas por la humedad de mis paredes –la lluvia le hace el amor en cada tormenta, y la pared resacoza se moja muy sutilmente de solo recordar el movimiento de la gota que se desprende de la nube para personificar un personaje minucioso -.
Siento pisar el verde pasto con los pies descalzos, con mi cuerpo liviano, lejos de un tamaño grotesco y libre de culpas.
Veo a mi madre sin arrugas y con un cansancio hermoso, muy diferente al que veo hoy en su cara y en su cuerpo.
Veo el infinito espacio que puedo recorrer.
Siento que me desprendo y viajo rápido pero tranquilo hacia la nueve de julio y entre miles de imágenes que se me pierden y millones de sonidos que se entrecruzan y se fusionan formando una masa de audio bestial, busco tu casa de la mano de mamá y paramos una o dos cuadras antes de ese departamento respiratorio en una rotiseria, mire muy atentamente como el pollo sin cabeza daba vueltas y vueltas.
Mis juguetes. Tu cielo, tu cementerio y el jazmín.
No hay comentarios:
Publicar un comentario