¿lejos del mar se encuentra...

jueves, 9 de diciembre de 2010

El mar nuevamente:


Así de la nada y sin pensarlo mucho el hombre corrigió con el brazo lo que hizo con la mano y se dirigió con un aire de melancolía a la colonia de los desalmados.
Al entrar en esas aguas el imagino como un feto abría los ojos, esas cosas que la gente prefiere no pensar por la indiferencia que es correcta.
Entonces miro al cielo, grito, se rajo la garganta, trago sangre odio, rencor y miles de repeticiones pasadas y continuó remando hacia la colonia.
Una luz se dibujaba casi a lápiz, casi a corazón, dibujaba con las ganas de llegar y con el destierro de su alma, con el entierro de su cuerpo en la tierra de los perturbados.
Nadie le recordó, nadie le sugirió una vida más simple.
Por tan compleja que es la verdad de tan simple y absurda que es.
Como pensar en una pared imposible, y luego derribarla con un soplido -algodón-
Y al fin llego a la tierra del fuego, y una vez allí deseo estar en llamas, deseo ser agua y volverse nada.
Entonces regreso a las aguas, se paro en su bote miro el cielo, cerro su boca y sus ojos, se rompió la cabeza contra la madera de su transporte.
Rompió el remo, se quedo llorando, miro el cielo, cerro los ojos, deseo estar muerto para desear de alguna manera estar vivo.
Pensó en la voracidad, en el miedo y en la nada.
Escucho reír al viento, se rió con el.
Metió las manos en el mar, olvido la colonia, la recordó, se cortó un dedo con su navaja, lloro del dolor, se olvido de la colonia, la recordó, se deshizo del filo por miedo a irse contra otro dedo inocente.
Se durmió: soñó con los desalmados y con la hora de la cena, vio como traían un cadáver delicioso se le mojaron los labios de las ganas, vio una mujer de pelo blanco, era su abuela. Corrió para abrazarla, pero ella se alejaba mas y mas, se enojo le dio la espalda.
Sintió el olor del cadáver corto un pedazo, lo metió en la boca y despertó en su bote fatalista.
Levanto la cabeza miro a su alrededor y vio solo agua.
Se metió al mar a buscar su navaja, pensó en la muerte una vez, dos y hasta cincuenta veces.
Tenía los brazos cansados, pensó en la muerte, pensó en la muerte.
La muerte.

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pAnico.

… son aquellos que sufren el tormento, ahogados en un eterno nirvana, en un limbo de colores, un blanco extenso, infinito.

Quieren representar su dolor, pero es tan grande su angustia que no pueden ni suspirar entrecortadamente. El pánico duerme en sus nucas y este siempre se despierta de mal humor, se cree poderoso, omnipotente aunque en su abstracta vida nunca lo besaron ni le dijeron te amo. Solo existió y lo único que aprendió es que cuando le den la orden actué sin contradecir. Pobre pánico…

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