Mi nariz anda perdida buscando un recuerdo, mi pañuelo hecho un estropajo se pierde en mi bolsillo. Y el viento, el viento es como un niño con hambre, un niño que se arrastra entre los pasillos por un poco de amor.
Mi ser esta inhóspito, mi boca juega a que sabe hablar y creo que con los ojos cerrados logre ver las cosas más hermosas.
Me siento perdido al igual que mi nariz y mi pañuelo, y si tuviera un sentimiento de olvido, seria feliz. El recuerdo, reacción más recia y sucia.
De esta forma mi cuerpo se desprendió de una forma grotesca logrando así pasar por desapercibido. Dentro de esta forma experimente sentimientos y gracias a la anestesia, el dolor fue dormido y como un recién nacido que llora en medio del calvario, mis ojos se perdieron y ni la anestesia pudo asfixiar el llanto.
El verdadero lado oscuro es el más luminoso, al igual que la amargura de mi boca que en realidad es un exceso de dulzura, así el mundo y las personas se destruyen por no saber, y la incógnita que genera la destrucción sirve como herramienta para volver a construir y volver a odiar el producto de la deformación social.
Dentro de mí esto que siento: un incendio, quizás un desierto, sentimiento al fin.
¿Quien ama las sombras sin nombre querida sangre de mi impunidad?
Allá a lo lejos se ve como el tornado destroza ilusiones, acá entre mis dedos se siente como las células mueren lentamente.
¿Quién no canta por no tener voz? ¿Quién no mira por no tener ojos?
La característica humana se basa en la desaparición de momentos eternos, contradictoriamente se vive y se muere de forma autentica y única.
Ya no se disfruta el detalle de caminar, siempre pensamos en llegar. De una forma más incoherente esperamos la aceptación de nosotros mismos y eso es un acuerdo que nunca se concreta, desacuerdo al fin.
Corazón de fruta seca, olvido vivido, vida rencorosa, muerte paciente.
Cristian pura palabra, Cristian perdido, Cristian lejano, Cristian no esta.
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