¿lejos del mar se encuentra...

domingo, 20 de septiembre de 2009

HURACAN


El ultimo diluvio que ensopo mis zapatos fue el mismo que destruyo mis escritos.
De modo que hoy me encierro en lo que queda de mi habitación, para recuperar las pocas ideas que quedaron dando vueltas en mi cabeza.

Dedicado a la mañana en la cual el señor José Rosamante dejo de creer en dios –su única condición: no utilizar mayúsculas en ese término-

Fue en aquel entonces donde el señor José Rosamante quedaba desocupado y miraba por última vez la puerta de la gran fábrica de botellas. Hizo del trayecto de regreso un conjuro de lágrimas, bronca y resignación, todo con un gusto a mierda en la boca.
Al llegar a su casa, se detuvo en la puerta e imagino como serian los días que vendrían para su familia, lo duro que se pondría la vida para la pequeña Margarita y la incomprensible Micaela.
Junto saliva para tragarse el mal momento y entro en la hiriente tormenta.
En la oscuridad vio sentada a Micaela junto al cochecito de Margarita, y en su rostro reconoció lo que le esperaba.
Se termino José –dijo ella- que el calvario, la pobreza y la desdicha te someta a ti, pero a nosotras no nos tocara, nos vamos a lo de mi madre.
Si tienes el valor de ver a tu hija en esta situación, ya sabes. Le beso la frente y se marcharon.

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pAnico.

… son aquellos que sufren el tormento, ahogados en un eterno nirvana, en un limbo de colores, un blanco extenso, infinito.

Quieren representar su dolor, pero es tan grande su angustia que no pueden ni suspirar entrecortadamente. El pánico duerme en sus nucas y este siempre se despierta de mal humor, se cree poderoso, omnipotente aunque en su abstracta vida nunca lo besaron ni le dijeron te amo. Solo existió y lo único que aprendió es que cuando le den la orden actué sin contradecir. Pobre pánico…

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